| La
puerta roja
por Marco Lamoyi
Voy
camino al estudio del arquitecto Enrique Murillo, once
de la mañana en la ciudad de Xalapa, el clima brumoso
y húmedo, típico de esta zona, se presta
para conversar acerca de la pintura reciente de Enrique,
su bien ganado prestigio como arquitecto no necesita presentación
y es bien sabido de muchos su gran pasión por la
pintura, actividad que practica regularmente y que mantiene
viva la tradición del arquitecto-artista: Gaudí,
Le Corbusier, Frank Gehry por citar a unos cuantos.
Mi primera sorpresa al llegar me la ofrece la puerta de
acceso principal; a partir de simples formas geométricas,
Murillo ha despojado la función utilitaria de la
puerta para transformarla en un objeto escultórico
que danza al ritmo de una melodía clásica
de los setentas. En el interior nos espera la obra de
Enrique, entre maquetas y papeles, hacemos un espacio
para disfrutar los paisajes silenciosos pintados por Murillo,
de colores fuertes, rojos, naranjas, sepias, articulados
de manera abstracta en su tonalidad y geométrica
en sus formas. Sin duda nuestra historia siempre esta
presente en lo que hacemos, el cuidado de los volúmenes
arquitectónicos de estas imágenes recuerda
su origen y confirma su valor plástico. Un cuadro
pequeño en tonos amarillos llama mi atención,
su geometría arquitectónica, su valor textural,
los finos esgrafiados, hacen de esta exquisita pieza una
obra de arte. Se lo comento a Enrique y acordamos la sutil
presencia de Paul Klee, para nuestro beneficio.
De la geometría paisajística pasamos a los
dibujos de personajes, habitantes de un espacio abstracto
y que curiosamente tienen esa impronta de silencios que
su obra paisajística nos impone no obstante su
temática.
Una mirada a su bitácora plagada de pequeños
bocetos, de preocupaciones tipográficas, emociona
a todos los presentes. En estas hojas, detenemos nuestra
conversación con la promesa de continuarla el día
que Enrique Murillo inaugure su exposición en la
galería Marie-Louise Ferrari
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